Las escuelas del futuro

El economista
25 Febrero, 2009 - 18:21
Eduardo Andere

Las escuelas de hoy no han cambiado mucho desde hace 28 siglos. Me refiero a las escuelas de la época homérica, presocrática y preplatónica. Como sellos imborrables se han transmitido por generaciones los valores de heroísmo, ser el mejor, ya sea para sí mismo, Aquiles, para la grandeza de la ciudad, Esparta, o para la entronización de las virtudes, Pericles. Hoy, cuando educamos a nuestros niños en las escuelas, de nada nos han servido los consejos de los grandes pensadores de la educación, como Comenio, Hume, Dewey, Piaget, Skinner, Lonergan que nos han entregado a un educando mucho menos presionado por el heroísmo y el mérito pero mucho más interiorizado por el entendimiento y el aprendizaje. Estos pensadores, junto con muchos otros, nos han dibujado escuelas más profundas en el saber y menos obsesionadas en el lograr; más interesadas en educar que indoctrinar; crear que emular; discernir que repetir; empoderar que facilitar, aprender que enseñar. En el siglo XXI estamos atrapados en un modelo decimonónico de escuela. Y no hemos sido capaces de trascender hacia la esencia de la educación escolar: la capacidad de penetrar en el conocimiento para discernir en la decisión.

Las escuelas del futuro enseñarán a sus educandos a penetrar en el conocimiento de lo profundo y difícil; a discernir entre lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo; lo repetitivo y lo creativo. Para lograr estos propósitos de la escuela del futuro se requieren cambios monumentales, sustanciales y superficiales. En lo sustancial debemos convertir a las escuelas en poderosas “máquinas” de aprendizaje, indagación, escudriñamiento y pensamiento. Los seres humanos somos una máquinas biomecánicas fabulosas pero más que otra cosa somos máquinas pensantes y creativas. Las escuelas del futuro enseñarán menos y aprenderán más; los maestros serán profesionales del aprendizaje; los padres de familia socios de la escuela; la comunidad y la escuela parte y todo de lo mismo.

En lo superficial las escuelas lucirán menos como recintos estáticos y más como espacios multimodales que simulan o semejan a los hogares y a los ambientes de trabajo. Vivimos los últimos años de escuelas con salones y arreglos en batería; las escuelas se transformarán en lugares donde se privilegie la luz, la comunicación con ruido constructivo, la interacción de personas que conviven, trabajan, producen y crean juntos. Los portafolios como medio de evaluación sustituirán, en su mayor parte, a las evaluaciones con base en uno o varios exámenes, y las actividades de aprendizaje a través de proyectos, que combinan a la escuela, el hogar y la comunidad, desplazarán a los aburridos dictados de clase con todo y sus mecánicas tareas. Papás y mamás serán parte activa de las escuelas y todos quienes integran la comunidad escolar deambularán con libertad, descubrimiento y constructivismo. La escuela físicamente será un centro de aprendizaje, un museo interactivo en arte, tecnología y comunicación; un espacio, con lógica Escher, con múltiples opciones para aprender, disfrutar, crear y compartir.

eduardoandere.org

El texto original fue tomado de aquí.