Resultados de México en las pruebas PISA 2003

Revista Mexicana de Investigación Educativa Número 24, Volumen X. ENERO-MARZO de 2005 Eduardo Andere M. Ver el artículo original

Hoy es un día, creo, de los más importantes para México en el tema educativo, en términos de la información que estamos recibiendo. Podría estar de acuerdo o no con la existencia de este Instituto y del trabajo que está haciendo la SEP en materia de evaluación; sin embargo, ésta es la primera vez en la historia de la educación de México en la que realmente contamos con una información cronológica, históricamente comparable, metodológicamente aceptada y homogénea, de cómo está México en educación. Es lo único que tenemos, podríamos haber tenido más porque esto de la evaluación educativa, en realidad, es algo que empezó hace mucho, por lo pronto los coreanos dicen que fue hace mil años con ellos, pero en el mundo moderno se consideran sus inicios en el siglo pasado, alrededor de los años cincuenta o sesenta.

México decidió no subirse a este movimiento de evaluación que se acrecentó hacia los años ochenta y, finalmente, se aceleró en los noventa. Por razones que desconozco y que bien apuntaba el doctor Muñoz, altos funcionarios de la SEP decidieron no publicar los resultados de la única evaluación realmente internacional en la que había participado México, antes del PISA, que fue la de fines de 1995.

Entonces, dicho eso, debemos celebrar que ahora sí tenemos un mapa en dónde localizar a México, cualquiera que sea el punto que se encuentre. Independientemente de que aceptemos si las listas de ranking son buenas o no, si lo son a nivel agregado, de estado, de nación o de país, o si en verdad sirven para estar en los escritorios de los funcionarios públicos y de los técnicos, pero no en los medios y en la opinión pública, son una realidad.

Independientemente de eso y de dónde esté México –si está realmente muy abajo o si lo que estamos midiendo no es lo que debiéramos medir, porque no es lo que los mexicanos queremos– tenemos que reconocer que el país está mal en educación –bastante mal en básica y en superior, en investigación y en tecnología– pero por muy diversas razones.

En educación básica, si contamos los grandes esfuerzos y logros que se han hecho, tenemos metas alcanzadas de cobertura muy satisfactorias, prácticamente hay cobertura universal en primaria, casi al nivel de los países más avanzados. Existe buena cobertura en secundaria, no en los 15 años de edad, pero sí en los primeros años de dicho nivel.

Como demuestran consistentemente estas evaluaciones –así como las publicadas recientemente por el INEE y otras de la SEP–, en aprovechamiento escolar o preparación profesional algo anda mal, bastante mal, en cuanto a calidad.

En la educación superior, en investigación y desarrollo, ya lo apuntaba uno de los ponentes, estamos también muy mal, pero ahí nuestro problema no es de calidad, sino de cantidad o cobertura. Hay algunos indicadores muy ácidos o muy estrictos que de alguna manera demuestran que la productividad de los científicos mexicanos es igual o superior a la de los estadunidenses, por ejemplo; aunque no ocurre los mismo con la de los canadienses o británicos, que tienen la mayor participación en el mercado internacional de publicaciones. El tamaño del sector ciencia, tecnología e investigación de México es extraordinariamente pequeño.

Con estos indicadores y todo lo que nos han platicado los ponentes anteriores, las cosas están muy mal.

¿Qué podemos hacer?, ¿por qué están mal?, ¿por qué unos países están bien y otros mal? ¿Qué funciona en otros países que no funciona en México? ¿Realmente tenemos que olvidarnos, por ejemplo, del PISA y decir que nada más está evaluando una parte muy pequeña de todo este concepto de la educación, pero no nos está diciendo, en realidad, lo que nuestros jóvenes saben o no saben?

Si aceptamos la historia, la lógica o la filosofía del PISA –que es tratar de conocer qué tan bien preparados están nuestros niños y jóvenes para enfrentar la vida, ahora o en el futuro– quisiera agregar a esta lógica el significado de la educación para los mercados internacionales. En un mundo globalizado, nos guste o no, todos estamos compitiendo por productos, bienes y mercados laborales. Nada más que México –en su inserción en ese mundo globalizado– prácticamente está dividido en dos grandes bloques: uno muy grande donde la producción requiere de mano de obra no calificada, en este caso el acervo de muchos trabajadores mal pagados son una ventaja competitiva. Por el otro lado, tenemos aquéllos cuyos productos suponen un valor agregado, normalmente son países ricos en conocimiento.

Entonces, debemos competir en estos dos mercados, en el primero nos ayudó un poco el NAFTA, tenemos diez años más o menos desde que se suscribió el Tratado, pero si observamos las estadísticas de la participación mundial de México en el comercio y la tasa de crecimiento, se ha caído radicalmente a partir de 1999, hacia los primeros años de esta década.

¿Qué está pasando ahí? Lo que está sucediendo es que los países que tienen mano de obra barata y muy abundante –como son China, India, Pakistán, Indonesia y algunos de Centroamérica– nos han desplazado de la competitividad en ese sector. Además, nuestros competidores, en el lado del conocimiento, son Estados Unidos, Alemania, Canadá, Japón y algunos países europeos. Por tanto, estamos atrapados entre la espada y la pared.

¿Para dónde jalamos? No podemos jalar, definitivamente, por el lado de los bajos salarios; son rígidos y con las presiones sociales y organizaciones políticas sería prácticamente imposible desarrollar una estrategia de bajos salarios. Tampoco podemos con las estrategias competitivas pues las consecuencias de buscar competitividad con depreciaciones del tipo de cambio son nefastas y las padecimos durante muchos años.

Del lado del conocimiento estamos mal en ciencia y tecnología e investigación y desarrollo, prácticamente en pañales en términos de cantidad, tenemos muy poco invertido a nivel nacional, no llegamos ni a 0.4%; o sea, 40% del 1% de gasto sobre el PIB, que nos compara con nuestro principal competidor y socio, Estados Unidos, con alrededor de 2.8 a 3%. En fin existen otros datos en los que no voy a abundar porque ustedes los conocen mejor que yo.

Entonces, ¿por dónde jalamos? La única alternativa que nos queda es por la educación. Pero, ¿necesitamos una educación básica de primera, y estar dentro de tres, seis o nueve años al nivel de Finlandia y de Bélgica? Creo que no. Los indicadores que recientemente se han dado a conocer dejan entrever que un índice alto de competitividad no necesariamente está correlacionado con educación.

Haré un somero repaso geográfico mundial para tratar de ver qué funciona y qué no. Estoy estudiando el tema de la descentralización en 18 países de alto rendimiento PISA y he visitado tanto países muy centralizados como descentralizados. Lo que me he encontrado es que la descentralización no es el secreto.

Por ejemplo, Francia, Corea y México son tres países con políticas educativas muy centralizadas y con diferentes niveles de desempeño. Así, en un análisis más detallado descubrí que no es la descentralización el punto central para observar cómo están los sistemas educativos –tanto de autoridad como escolares. Tomemos como ejemplo al Reino Unido, donde dos naciones (Escocia e Inglaterra) con sistemas y autoridades educativos diferentes obtienen resultados interesantemente muy similares.

Otro ejemplo es Bélgica, donde 99% de la población es de habla francesa y flamenca y la tercera parte es alemana. Estas tres regiones o poblaciones tienen sistemas educativos diferentes, sus propios parlamentos, sus propias autoridades; y, a pesar de ello, en los resultados agregados, Bélgica ocupa un lugar no muy decoroso; sin embargo, Flandes tiene el primer lugar mundial en la evaluación de matemáticas. Ésta es una situación similar a la británica pero con resultados completamente diferentes, entonces tampoco es la organización de los sistemas.

En Finlandia, Suecia y Bélgica tienen un sistema virtual de voucher muy abierto, muy amplio. Por ejemplo, en Finlandia y Suecia se decidió que no suprimirían la educación privada pero que tampoco permitirían una educación desigual. Hay dos formas de cortar la brecha entre los mejores y los no tan mejores: una es bajando a los que están mejor, otra es subir a los que están abajo. Estas mismas preguntas se hicieron los responsables de estas políticas y decidieron nacionalizar el financiamiento de la educación privada básica, sin nacionalizar las escuelas, que podían seguir siendo propiedad privada, pero se les prohíbe cobrar colegiatura; algunas, incluso, tienen fines de lucro.

De tal forma, surge la pregunta: ¿si no pueden cobrar colegiatura de dónde sacan su utilidad si operan con fines de lucro? Pues de las ineficiencias del sector público; es decir, de las carencias de las escuelas públicas, porque el gobierno otorga un subsidio por estudiante; de esta manera, el dinero sigue al niño: si el niño se va a una escuela pública, el dinero se va a la escuela pública; si se sale de la pública a la privada, el dinero va a la privada.

¿Sucede lo mismo con Corea, Japón o Hong Kong? Por supuesto que no. Existe, teóricamente, un esquema por medio del cual los padres de familia tienen que hacer una solicitud de inscripción en la que deben mencionar 30 escuelas, en orden descendente, para que el niño sea admitido y, mediante un programa complejo, se decide a qué plantel va cada niño. Entonces, tenemos sistemas distintos con un altísimo desempeño; no va por ahí; tampoco. En estos países parece ser que la respuesta está en la cultura.

Lo que explica el éxito de estas escuelas, ¿es la estructura de información tecnológica?, ¿son los medios electrónicos y el acceso a la información y a las telecomunicaciones? Tuve oportunidad de visitar en estos países escuelas con grandes apoyos, infraestructura tecnológica y de la información y otras sin ellos. Los resultados y desempeño son más o menos iguales, no sobresalen los coreanos sobre los irlandeses, digamos.

Los checos tienen algunos planteles donde las condiciones son muy malas y es realmente sorprendente el avance que tuvieron en la evaluación de 2003. La República Checa es un país muy interesante porque, si observáramos los datos en un mapa de resultados contra gasto educativo, tanto ellos como Polonia y Hungría, participan en los países de alto resultado, pero con niveles de gasto más cercanos a México o Brasil. Entonces, tampoco es por ahí.

Hay quien supone que los japoneses, coreanos o chinos invierten y entienden la tecnología, por ello tienen escuelas extraordinarias, maravillosas. No es cierto, no las tienen; existen tres o cuatro planteles para sus estudiantes genios o casi genios pero, en general, son bastante estándar, muy inferiores a los niveles medios de las escuelas europeas, y los salones de clase tienen alrededor de 40 a 45 estudiantes. Esto tampoco explica la diferencia.

Habrá quien suponga que los exámenes centralizados ayudan; bien, ¿cuál es el país por excelencia de exámenes centralizados? Ninguno, sólo Irlanda e Inglaterra examinan y evalúan todo lo que puedan evaluar y, sin embargo, no están entre los mejores.

¿La segmentación es mala? Bueno, hay países como Alemania y Suiza que dividen a sus estudiantes desde edades muy pequeñas. Los suizos tienen un examen terminal de primaria para asignarlos a tres diferentes categorías de secundaria, les llaman secundaria regular, real y de trabajo. Los alumnos son segmentados de acuerdo con los resultados y predeterminados para el resto de su vida. Sin embargo, si vemos sus resultados, Suiza, dio un avance fenomenal en matemáticas mientras Alemania tuvo un avance si acaso interesante.

No me voy a meter mucho en el tema del salario de los maestros pero, la verdad de las cosas, es que los salarios –medidos con datos internacionales y con las comparaciones en dólares internacionales como en PIB percápita– no están tan mal comparados con los otros países. En dólares internacionales están más o menos en los niveles de los maestros de Finlandia, de Nueva Zelanda y de Suecia, pero los resultados son muy diferentes.

Inspección, supervisión y ranking. De los ranking sólo mencionaré que los ingleses tienen ranking de todo en materia de escuelas. Los irlandeses los odian, al igual que los escoceses y los belgas, y se mantienen más o menos en los mismos niveles.

¿Qué debemos hacer para mejorar el sistema? Creo que es una combinación de cuatro cosas: descentralizar el sistema educativo, aumentar la autonomía de las escuelas, capacitar a los maestros y desmitificar la idea de que a más gasto mejor educación.

Primero tenemos que resolver los problemas del sistema a fondo y luego ponerle más dinero, si agregamos más dinero sin reformar profundamente el sistema educativo lo que hacemos es echar dinero a un saco roto.

Todo puede desaparecer, también lo malo, nos decía uno de los ponentes. Sí, pero si no hacemos algo para que desaparezca lo malo, dentro de tres años vamos a estar diciendo la misma historia. Tenemos que hacer cambios realmente profundos del sistema educativo.

Eduardo Andere M. es investigador del Departamento de Relaciones Internacionales del Instituto Tecnológico Autónomo de México.