El libro no existe hasta que se lee

El economista
4 Marzo, 2009 - 17:52
Eduardo Andere

La pregunta es: ¿qué hace que los seres humanos leamos? ¿Qué hace la diferencia entre la desidia y la acción? Vivimos en una cultura que privilegia la televisión sobre la lectura.

Por cada hora de lectura las familias mexicanas se apelmazan 10 horas frente a la televisión como su entretenimiento favorito. Y a cambio de este culto casi fanático por lo facilito y superficial las televisoras nos entregan programación chatarra, promotora de hábitos y actitudes antisociales, anticulturales, antihumanas. Pero la culpa no es toda de las televisoras sino de los televidentes: “Se requiere de dos para bailar tango”.

La lectura es una habilidad, pero la interpretación de la lectura, la indagación de la lectura y la asociación de lectura con escritura para producir nuevos escritos, entender mensajes y diseñar estrategias son competencias. Nunca podremos convertir la habilidad en competencia si no empezamos por el hábito, es decir, la lectura como valor.

Y eso empieza, en casi todos los casos, desde que nacemos, inclusive, antes de nacer. Es un misterio para la ciencia por qué en una misma familia unos hijos crecen lectores y otros no; pero lo que no es un misterio es que las familias poseedoras de libros clásicos, literatura o poesía, desarrollan mejores ambientes de aprendizaje y, por tanto, mejores educandos.

El número de libros en casa es una variable que los estudios derivados de pruebas estandarizadas señalan como significativa para el aprendizaje. Pero el número de libros en casa per se no es en realidad lo que produce el aprendizaje. Se trata de una probabilidad condicional: condicional porque el libro en realidad refleja que los padres poseen un elevado nivel educativo y cultual, que han leído pues.

Los libros en los libreros y los estantes no tienen más valor que los estantes o libreros mismos. Son cosas físicas que no trascienden en su teleología hasta que se leen.

Cuando uno toma un libro, lo acaricia, huele, siente, lee, indaga, piensa y disfruta, el libro salta a la vida. Un libro leído es una conversación, un sentimiento, una reflexión, una metáfora, una realidad, una indagación, un pensamiento, una idea, una acción, una fascinación.

Así me sucedió cuando hace poco retomé el Discurso del Método. La sola idea de que su lectura era una conversación con un personaje de la talla de Descartes, fruto del Renacentismo, preludio de la Ilustración, bisagra entre la Edad Media y la modernidad; entre la escolástica y el pensamiento científico y filosófico moderno, le daba vida al libro y a mí también.

Descartes, como muchos otros filósofos, pensadores, escritores y gigantes de la humanidad, nos han dado la oportunidad de convertir las cosas en pensamientos, ideas y conocimiento; de transformar el vacío en realidad, existencia; de convertirnos en seres vivos, activos, creativos.

Pero un libro sin leer es un montón de chatarra; materia viva, celulosa, fibra vegetal, oxígeno, secados hasta convertirse en papel. Así que la fina línea que divide a los no lectores de los lectores es un pequeño salto entre la desidia y la decisión. Leer para vivir.

eduardoandere.org

El texto original fue tomado de aqui