Cómo enseñar a leer

Crónicas, revista mensual del IPEFH
Eridania González Treviño
Fecha 2008-08-01

La preocupación por la enseñanza de la lectura es de índole mundial, razón por la cual se realizan constantemente investigaciones y estudios que tienen la finalidad de trascender los métodos tradicionales del proceso enseñanza-aprendizaje de la lectura y la escritura.

Margarita Gómez Palacio muestra su preocupación respecto a este proceso y propone, a partir de teorías renovadoras, cambios significativos en el sistema educativo de México. Parte de la premisa de que la lectura es considerada un acto mecánico, y atribuye este pensamiento erróneo precisamente a la enseñanza tradicional.

Distingue dos tipos de lectores: el buen lector y el buen descifrador. El primero, el buen lector, es aquel que da mayor importancia al significado de la lectura, y el segundo es aquel que está preocupado por no cometer errores al realizar el proceso lector.

Gómez Palacio afirma que el buen descifrador del código gráfico es una creación de la institución escolar. La falta que se comete al enseñar a leer a los niños es que el maestro enfoca su mirada en los errores que pueda cometer el aprendiz, ya sean ortográficos, sintácticos o de fluidez en la lectura, lo que se denomina desaciertos. Aspectos que Margarita considera de menor importancia en el proceso lector o, en su caso, afirma que tales desacier-tos deben ser utilizados con fines de aprendizaje, ya que llenan lagunas de significado en el proceso de lectura, siempre y cuando no se penalice ni interrumpa al niño cuando cometa algún desacierto.

Hace hincapié en que el elemento más importante en el proceso de la lectura es el semántico, el cual es utilizado por los niños esporádicamente a causa de las limitaciones impuestas por los maestros. Dice que el aspecto semántico es inherente a la niñez y ésta podría desarrollarlo si contara con la suficiente libertad para ejercitarlo.

Margarita propone que los maestros deben ofrecer a los niños lecturas que sean entretenidas, útiles, interesantes y con significado, y de esta manera el niño aprenderá que la lectura puede satisfacer múltiples necesidades, entre ellas la referente a la información.

En relación con la escritura, Gómez Palacio enumera errores similares a los del proceso enseñanza-aprendizaje de la lectura. Afirma que el niño aprende a escribir sin comprender el significado de lo que escribe, además de la creencia errónea de que la lengua escrita es la transcripción de la lengua oral a un código gráfico.

La lengua escrita tiene sus propias normas y está conformada de elementos diferentes al de la lengua oral, para dominar la escritura “se necesita el desarrollo de coordinaciones que suponen un progreso del sistema operatorio del sujeto y este progreso no se logra con la sola transmisión de conocimientos.” (Tlaseca; 1989:89)
La escritura es un medio de comunicación que al niño debe servirle para expresar lo que piensa de cualquier situación y lo quiere decir, de manera que cuando ese pensamiento lo exprese de forma escrita deberá preocuparse por que su enunciado sea comprensible, y, del mismo modo que pasa con la lectura, no deberá preocuparse inicialmente por los errores orográficos, sino por los sintácticos y semánticos. La ortografía se corregirá con el ejercicio de la escritura, y la coherencia textual será mayor conforme el niño evolucione en la lectura.

El texto original fué tomado de aquí.