La formación ciudadana en una escuela del DF

La jornada Gilberto Guevara Niebla Ver el artículo original

Hace unos días apenas, en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), Ajusco, se hizo la presentación del libro de Lucía Rodríguez Mc Keon, La configuración de la formación ciudadana en la escuela. Análisis de un caso en educación secundaria (UPN, 2009). Se trata de un estudio de análisis del discurso que se fundó en entrevistas, observaciones y revisión de documentos. El caso estudiado es una escuela pública, antigua, de prestigio, ubicada en Xochimilco. El propósito fue, por conducto del análisis del discurso de los actores, revelar las prácticas formativas de la ciudadanía, asumiendo que el discurso es el principal regulador de las actividades en la escuela. El resultado fue sorprendente. Se logró descubrir toda una vida escolar que permanecía oculta detrás de lo que la mayoría identifica como normalidad. La escuela objeto de estudio es un claustro que defiende una serie de valores que son ilustrativos. Por ejemplo, ¿qué es un alumno positivo? Es aquel que obedece al profesor, que no se mueve, que no cuestiona, que no hace travesuras, etcétera, etcétera.

Los maestros y el director están orgullosos de la historia de su escuela, pero temen al cambio. Saben que viven en un entorno acelerado de transformaciones (televisión, videojuegos, computadoras, renovación acelerada de modas en la cultura del consumo, individualismo acusado entre los alumnos, etc.), pero se oponen a renovar las reglas y el discurso de la institución. Ante el cambio, reafirman la tradición. Ellos ven las nuevas realidades del entorno como nocivas para los alumnos. La autora afirma: ante las presiones del exterior el plantel ha decidido establecer un estado de clausura, de encerramiento ante el entorno. El objetivo es seguir siendo una buena escuela. El principio motor de la vida escolar es la idea –manifestada por la dirección– de que el alumno debe ser alguien en la vida, debe ocupar un lugar en oposición a no ser nadie.

“Ser alguien en la vida –dice una maestra– es quien ha ocupado un lugar dentro de la sociedad, a base de esfuerzo, a base de trabajo, a base de sacrificio”. Este es un ideal convencional de movilidad social y meritocrático de eficacia discursiva. Para hacer del alumno un hombre exitoso, lo que se establece en la escuela es una regla universal de que sólo se admite lo absolutamente escolar. Si los estudiantes se besan en el jardín, se les sanciona, aunque los aludidos manifiesten que hay acuerdo mutuo en el acto.

Lo que digo –dice la directora de la escuela– es que lo que está descontextualizado es el nivel de pláticas, el nivel de atrevimiento al que quieren llegar, niños que se atreven ya a querer tocar a sus compañeritas; eso significa que las cosas están en un nivel, digamos, en donde ya no se guardan las formas… ahora ya no tienen recato, ahora cualquier niño, sí, cualquier niño, es capaz de contestar con agresividad cuando se le pide que respete a la compañera y dice así nos llevamos.

La escuela es para estudiar conocimientos, no para aprender sexo. Se busca una uniformidad y se sacrifica la diferencia. Si los alumnos llegan con el pelo largo, o con picos, o si se cuelgan piercings se les sanciona, porque eso rompe con la decencia básica. Está prohibido todo vestido extravagante. Se trata de una normalidad que inhibe toda libertad entre el alumnado. Los estudiantes viven molestos porque la enseñanza en la mayor parte de los casos se basa en la copia y el dictado. Ante los modelos falsos que les ofrece a los jóvenes la televisión, los profesores bombardean a los alumnos con modelos buenos (personas o personajes que se han ganado un lugar en la sociedad con base en el esfuerzo y la buena conducta).

Los alumnos critican –les aburre– la reiterada moralina de los docentes (“deben portarse bien y estudiar para tener éxito, deben pensar en el futuro, etcétera), a lo que ellos llaman el choro. No se trata de descalificar este discurso en sí mismo, sino observar que es un discurso que el alumno no asimila por sí mismo, sino que se le trata de imponer desde fuera. Lo que la escuela niega, lo que la escuela combate es la autonomía del alumno, la libertad para ser diferente, la capacidad de auto-expresión, etc. En cambio, se propone formar un ciudadano pasivo, obediente, trabajador, devoto del orden y la jerarquía, entre otras cosas. Por fortuna hay profesores que –discretamente– rompen la regla y ofrecen a los alumnos un trato respetuoso, los dejan hablar, dialogan con ellos tomando en serio sus argumentos, etcétera. Una excepción en los márgenes de la institución, que, sin embargo, ofrece cierta esperanza de cambio.

Una hipótesis sobre la crisis en educación

La jornada Ilán Semo Ver el artículo original

La crisis educativa que afecta hoy a la sociedad mexicana forma ya parte de uno de esos paisajes lunares que han dejado tras de sí 10 años de administraciones panistas en el gobierno federal. Los saldos de una política que ha atacado y desvalorado la educación pública como nunca antes sucedió en el siglo XX forman parte de las estadísticas más desoladoras no sólo de los balances nacionales, sino de los de la Unesco, la ONU y otros organismos internacionales que se dedican a monitorear las condiciones educativas en el mundo. Alumnos que no terminan de prepararse, profesores que nunca acaban de instruirse, laboratorios inexistentes, bibliotecas fantasmas, recursos pedagógicos que sólo existen en las listas de inventarios imaginarios, autoridades corruptas prestas a realizar negocios con el menor pretexto, sistemas de evaluación que no evalúan son las noticias que se reciben día a día de ese enorme universo (que involucra a millones y millones de niños, jóvenes y adultos) en todos sus niveles.

Lo convencional es adscribir los orígenes de la crisis al antiguo régimen: 70 años de gobiernos priístas no lograron crear un sistema educativo que respondiera a los retos de una sociedad que depositó –y sigue depositando– en la educación una de sus apuestas centrales para salir de los dilemas que la mantienen en el atraso y en la incapacidad de cerrar las brechas entre sectores sociales cada vez más polarizados. Es un argumento al que es difícil restarle razón, si bien los esfuerzos educativos de ese antiguo régimen tuvieron algunos momentos estelares: la administración de Torres Bodet, la instrucción media en los años 50 y 60, las universidades de los 70. Lo cierto es que ninguno de esos momentos se tradujo en estructuras sólidas y duraderas que lograran sortear los vendavales y los cambios en las políticas sociales que caracterizaban a los estilos sexenales de gobernar en aquellas administraciones.

Sin embargo, 10 años son, en términos de política educativa, muchos. Abarcan prácticamente a una generación de alumnos, profesores y quienes se dedican a enfrentar los retos de ese difícil territorio. Las administraciones panistas no parecen tener ninguna excusa, más que su propia política, para explicar por qué los saldos generales del sistema educativo (aprovechamiento, eficiencia terminal, calificación y profesionalización de los docentes, calidad de la enseñanza, etcétera) son hoy peores que en 2000.

Tanto Vicente Fox como Felipe Calderón no han dudado en adscribir los principales motivos de ese fracaso no a sus propias gestiones (¿habrá en algún futuro un político mexicano dotado del gesto de la autocrítica?), sino a esa suerte de muro de los lamentos que nadie en el mundo educativo ha podido sortear (y al parecer ni siquiera entender): el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). En la visión de estos dos sexenios, el sindicato habría representado una especie de último y poderoso dique de inmovilidad frente a las reformas que se requieren para destrabar los nudos de la parálisis educativa. El argumento es plausible, pero visiblemente pobre. El gremio controla, en efecto, muchos de los procesos educativos básicos que determinan la calidad de la enseñanza. Pero uno nunca acaba de entender por qué no habría de compartir políticas de mejoramiento si éstas redundarán en garantizar su propia existencia. En rigor, el argumento de que la burocracia y el clientelismo del SNTE son el principal lastre que propicia el rezago en este ámbito no hace más que ocultar lo que, a mi parecer, es la razón actual principal del deterioro del sistema educativo. Esa razón tiene un nombre y un lugar social perfectamente discernibles, pero que nunca aparece en los análisis oficiales sobre la crisis de la educación. Me refiero a las funciones que ejercen hoy en día las miles y miles de escuelas, universidades y centros de educación privados que imparten sus servicios en todo el país. En suma: el papel que ejerce actualmente lo que se da en llamar la educación privada. Y habría que pensar con más detenimiento si no es éste, y no otro, el factor principal que, al parecer, mantiene en zozobra los esfuerzos públicos por mejorar la calidad de nuestras escuelas.

En primer lugar, la educación es uno de los rubros por excelencia que definen el horizonte de expectativas de una sociedad. Lo que mueve a millones de familias a elegir una u otra opción no son tanto las realidades y los niveles pedagógicos de cada escuela, sino el espectro de expectativas (sociales, profesionales y de movilidad) que promete a quienes pasarán por sus aulas. La fórmula, ya anclada en el sentido común popular, es simple y ha sido devastadora: la educación privada es buena, la pública, mala. Esta fórmula idiosincrática, que ninguna estadística corrobora, convierte de manera prácticamente clasista a los educandos de las escuelas públicas en ciudadanos de segunda clase. Lo patético es que ni siquiera se trata de un ideograma, sino de una simple idiosincrasia que asegura el más cruel de los sistemas de exclusión y polarización social. Simplemente porque la mayor parte de la población no puede optar por el camino privado. De tal manera que la fuerza central que mueve a quienes aspiran a una educación que se traduzca en beneficios, las expectativas educativas, enfrenta de entrada un auténtico muro de privilegios para quienes sólo pueden acudir a la instrucción pública.

En segundo lugar, la educación privada concentra al mayor número de universidades patito que se dedican a hacer negocios con este servicio que debería siempre tener un espíritu público y civil. Cientos y cientos de universidades dedicadas a formar diseñadores, contadores y otros oficios profesionales, exentas de cualquier rigor y de condiciones para garantizar una educación superior de calidad, forman, o más bien deforman, a cientos de miles de los futuros profesionales del país.

En tercer lugar, el abandono del sistema público. Una de las revistas de mayor circulación se vanagloriaba de que el gobierno de Felipe Calderón invertía 4.8 por ciento del gasto en educación. El mínimo para que un sistema educativo funcione en sus niveles más bajos, según los estudios más meticulosos, es 8 por ciento. La inversión panista en educación ha estado dedicada deliberadamente a derrotar al sistema público. De esto no debería quedar la menor duda.

La cancelación del Sistema Nacional de Creadores

Proceso 1/09/2010 - Blanca González Rosas
Ver el artículo original

MÉXICO, D.F., 1 de septiembre (Proceso).- El próximo 24 de septiembre se cierra la nueva convocatoria para obtener las codiciadas becas de Creador Artístico. A sólo dos meses de haberse publicado los resultados de la emisión 2009, Consuelo Sáizar, presidenta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, consiente y controla a los artistas con una reestructuración que delata la necesidad de cancelar el Sistema Nacional de Creadores.

Instituidas en 1993 por el presidente priista Carlos Salinas de Gortari como una estrategia para desactivar y cooptar la polarización política de intelectuales y artistas, las becas de Creadores Artísticos y Eméritos del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA), dependientes del Fonca que dirige Martha Cantú, se han convertido en un lastre social, artístico y financiero. Arbitrarias, antidemocráticas y generadoras de una cultura de desigualdad social que convierte a los intelectuales y artistas en ciudadanos más valiosos que otros trabajadores, las becas han paliado las críticas a su impertinencia a través de cambios ineficientes en su operatividad.

Otorgadas anualmente a un promedio de 76 autores mayores de 35 años, durante periodos trienales, con un estímulo económico mensual de 15 salarios mínimos –26 mil pesos, aproximadamente–, y con la posibilidad de obtenerse ilimitadamente dejando pasar un año entre cada periodo, las becas se transformaron en número, estructura y periodicidad. A partir de la emisión 2010, además de una categorización por edades que deriva en diferentes montos económicos, se otorgarán 200 becas anuales que podrán mantenerse de “manera indefinida”.

Decisión esta última cuestionable, ya que no sólo convierte las becas en un sistema de pensiones, sino que también impacta en los servicios y recursos financieros de la institución: dentro de tres años existirán anualmente 600 becarios que, si se mantienen indefinidamente, no permitirán el ingreso de nuevas postulaciones.

Otro aspecto inapropiado de la reestructuración es la implementación de un programa de Retribución Social que, si bien es obligatorio, carece de indicadores precisos y cuantificables en las modalidades de retribución: se menciona que pueden impartirse talleres de 32 horas, pero no se especifica si son mensuales, anuales o trienales; se da la opción de asesorar proyectos o participar en actividades de difusión, pero no se menciona ni el número ni la manera de evaluarlas.

Y por último, la división por edades y su relación con los estímulos mensuales: los artistas de 35 a 50 años recibirán siete salarios mínimos –12 mil pesos aproximadamente–, los de 51 a 65 percibirán 10 salarios –17 mil pesos aproximadamente– y los mayores de 66 serán beneficiados con 15 salarios –aproximadamente 26 mil pesos–. Una decisión que demuestra la indefinición de las becas como política de estímulo para la creación, ya que la edad no determina el costo de la producción.

Ocupados, los cinco mil lugares ofrecidos para el bachillerato a distancia; habrá más

La jornada 2/09/2010 - María Luisa Severiano, Laura Gómez Flores Ver el artículo original

Se abrirá otra convocatoria para captar otros ocho mil jóvenes, señala Mario Delgado

El sistema atiende actualmente a 12 mil 500 estudiantes, afirma el coordinador del sistema

Los cinco mil lugares ofrecidos a jóvenes rechazados del sistema de educación media superior para cursar estos estudios a distancia ya fueron ocupados, informó el secretario de Educación, Mario Delgado, quien anunció una nueva convocatoria para captar otros ocho mil estudiantes, a fin de triplicar el número de alumnos en esta modalidad, e incrementar de 72 a 100 los cibercentros, para garantizar su acceso a una computadora e Internet.

Quienes ya están inscritos recibirán desde el primer mes en que comiencen su curso propedéutico la beca Prepa sí, cuando antes debían finalizarlo y cursar un mes de clases, porque "queremos que se queden y no abandonen sus estudios, pues los jóvenes son el futuro del país. Así que lanzaremos una nueva convocatoria el 17 de octubre, a fin de abrirles nuevas oportunidades", señaló.

Hoy, dijo, se tienen los primeros 300 egresados de alto nivel académico, que en su mayoría ingresaron a instituciones de educación superior con un nivel de deserción de uno por ciento, lo cual habla de la importancia de esta modalidad.

El coordinador de bachillerato a distancia de la dependencia, Luis Carreón, explicó que la matrícula es de 12 mil 500 alumnos: cinco mil inscritos en el periodo ordinario, 2 mil 500 en curso propedéutico, donde se les dan técnicas de aprendizaje, y cinco mil inscritos en estas dos semanas en la convocatoria extraordinaria.

Se trata de que estos jóvenes, 80 por ciento menores de 23 años, acudan a actividades deportivas, culturales y artísticas en sus delegaciones, y aumentar el porcentaje de egreso de ese nivel, mayor al que mantiene la UNAM en sus aulas o el doble cuando se trata de adultos. "El ideal de una educación del futuro inmediato es semipresencial, porque permite mayor socialización y participación", agregó.

El coordinador de educación a distancia de la UNAM, Francisco Cervantes, destacó que para dar continuidad a este esfuerzo la institución cuenta con 24 licenciaturas en esta modalidad, con 20 mil estudiantes, pues "cada vez es mayor la demanda de jóvenes adultos que no pudieron estudiar porque empezaron a trabajar, se casaron y se vuelve difícil que regresen a las aulas, y porque en nuestras instalaciones ya no cabe uno más. Tenemos 320 mil".

La calidad de los estudios ofrecidos en el bachillerato a distancia "es tan buena que de 50 egresados que presentaron examen en la UNAM 24 se quedaron en las carreras solicitadas. Y en la ciudad no hay una preparatoria donde la mitad de sus estudiantes ingrese a donde quiere", añadió.

Johana Falcón es un ejemplo. Con 23 años de edad y tres hijos terminó su bachillerato y estudia la licenciatura de pedagogía, aunque su meta es concluir un doctorado. Para Adán Galicia, de 25 años, esta oportunidad le significa reiniciar los estudios que abandonó hace seis años al convertirse en el principal sostén de su casa, pues su madre enfermó de cáncer y su padre es invidente.

La falta de estudios "obliga a aceptar trabajos de bajos salarios y sin seguridad social, lo cual espero cambie y llegar a ser abogado", comentó. Mientras, a Denise Alcántara, de 15 años, le permitirá ser enfermera, pues quedó fuera de las opciones solicitadas cuando obtuvo una calificación de 8.5. "Mis padres me apoyan y no les fallaré", afirmó.

Chocan estudiantes y "porros" en Chapingo

El universal 02/09/2010 - Rafael Montes Ver el artículo original

Al menos tres jóvenes resultaron heridos cuando se desató una discusión por algunos espacios en un edificio de la institución

Estudiantes de la Universidad Autónoma de Chapingo se enfrentaron con presuntos "porros" de la institución en una discusión que dejó al menos a tres jóvenes heridos.

Un integrante del Comité Ejecutivo Estudiantil de esa casa de estudios, quien prefirió no divulgar su nombre, informó que desde las tres de la tarde del miércoles, los "porros" y los estudiantes se enfrascaron en una discusión por algunos espacios en un edificio de la institución.

Dijo que había dos compañeras de entre 20 y 22 años que fueron jaloneadas y golpeadas en el rostro por los presuntos agresores.

Hasta las 12 de la noche del miércoles, según informó, no habían acudido policías ni autoridades de la Universidad para intentar solucionar el problema, pero esperaban la llegada del rector Aureliano Piña.

Lujambio: la superficialidad y la ignorancia

Proceso Sara Lovera Ver el artículo original

MÉXICO, D.F., 26 de agosto (apro).- Uno de los grandes proyectos de la nación mexicana, desde la Independencia, fue sacar de la ignorancia a sus habitantes.

La democracia y la libertad son los dos signos filosóficos y políticos del proyecto educativo que arrancó en el siglo XIX. Y el Artículo Tercero Constitucional, precisamente, pone por encima de la moral el tema de la democracia.

La primera Dirección de Instrucción Pública, que se instituyó a iniciativa de Valentín Gómez Farías –varias veces presidente–, estaba fundamentada en el método Lancasteriano, siempre pensando en la urgencia de atender a muchas personas, a una amplia población. Esto en plena construcción de la República, con una visión laica e inclinada a desarrollar la democracia y dar oportunidades a las masas, seguramente de indios e indias que estaban dispersos en las comunidades del país.

Los científicos de Porfirio Díaz acercaron a la elite lo que entonces se discutía del positivismo en Europa, así como de Ilustración, y tal vez por ello en el Porfiriato se abrieron las escuelas de artes y oficios para mujeres.

Es decir, la idea de aprender, de masificar el conocimiento como algo realmente valioso, integrante de la visión de país, incluyendo a las niñas, como examina Samuel Ramos en El Perfil del Hombre y la Cultura en México, dio lugar a la reflexión. Nadie podría hablar de desarrollo del pensamiento sin aquel Ateneo de la Juventud a que se refiere Ramos.

No venimos de la nada, señor secretario Alonso Lujambio. ¿Por qué lo reclamo? Por su absoluta superficialidad y su incapacidad para ser heredero de esa fortaleza que es la Secretaría de Educación Pública, no sólo por los frescos de Diego Rivera que están ahí vigilantes de la cultura, sino por lo que ha representado en la construcción de nuestra identidad.

Los gastos y las respuestas sobre las tonterías de la fiesta del bicentenario lo han hecho derrapar y mostrar su verdadero rostro, señor Alonso Lujambio, nada más y nada menos que el encargado de la política educativa nacional.

Y Lujambio, que se retrata para promocionarse como precandidato a la presidencia de México, es tan superficial que no atina a responder por qué las 34 canciones para el bicentenario fueron escritas y arregladas --de arreglo musical- digo-- sólo por hombres; que para ello, entre sus amigos, el señor Leoncio Lara tuvo 600 millones de pesos para repartir y no sabía que había mujeres músicas, que no las llamó a participar, menos a concursar con los hombres, porque no hizo concurso. Y dice este señor Leoncio Lara que no tiene idea de cómo se aplica “la cuota de género”.

Esto es el colmo. Un verdadero horror de ignorancia y superficialidad ¿Quién le dijo a Lujambio que se trata de una cuota? No, señor Lujambio, no señor Leoncio Lara, no es un tema de cuota. Se trata de saber que en este país hay hombres y mujeres haciendo música desde el siglo XIX, ya de manera formal; se trata de saber que en las escuelas de música se han formado compositoras y compositores desde hace años, a pesar de que el neoliberalismo intentó desaparecer por completo las escuelas de iniciación artística de Bellas Artes. Como se lee.

Se han creado 34 canciones –algunas totalmente ridículas, sin gusto y malas-- para los festejos del bicentenario, todas hechas por hombres, pedidas entre amigos, sin concurso. La ignorancia es tan grave, que el señor secretario de Educación Pública no sabe historia y no sabe en qué lío se metió, porque tal vez incurre en falta administrativa grave al no hacer concurso y, encima, excluir a las creadoras.

Hay que contarle al señor secretario de Educación Pública que cuando se pensó en un Himno Nacional, como elemento fundamental para forjar la identidad de mexicanos y mexicanas que triunfaron en la guerra de la independencia, hubo un concurso, se llamó a toda la población para que participara, con el deseo de ver quién expresaba mejor el sentimiento nacional de aquella época --por cierto salió un himno guerrero y machín--, pero, en fin, lo importante, escúchese bien, es que se concursó, y fueron el poeta Francisco González Bocanegra y el músico Jaime Nunó los elegidos.

Se sabe que uno de los dos no quería, y fue precisamente su hermana quien lo impulsó y lo encerró por días, según los cuentos del profesorado en la época en que estudié la primaria.

Ahora nada. Estos neoliberales, conservadores e ignorantes, han tomado la batuta. Los gastos millonarios para las fiestas del bicentenario, de más de 2 mil 700 millones de pesos, son escandalosos. Lo que ha sucedido con las canciones, hechas sólo por músicos varones, revela que no sabremos cómo y con quién se reparten los recursos, lo que se suma a la gravedad de la exclusión de las artistas.

Lo de Lujambio es una vergüenza. Acabo de leer, el pasado lunes 23, que le rectificó al rector de la UNAM la cifra de jóvenes de 15 a 18 años que no estudian ni trabajan, asegurando que lo exacto son las estadísticas oficiales de INEGI, no las que expresó José Narro.

Pero existe un abismo entre lo que expone el Instituto Nacional de Geografía y la encuesta que la propia Secretaría de Educación Pública hizo, y ahora resulta que ¿se la inventó el público, el rector, cualquier comentarista? No hay seriedad, señor secretario.

A mí me da pena este señor Lujambio, cuyo libro de política está en una cadena de tiendas, como pidiendo que lo pongan en las novedades, además de que se toma fotografías pensando en que su “guapura” es un elemento electoral. Y más: aprobó el cambio de libros de texto minimizando hechos históricos, como el del 2 de Octubre de 1968; se lima y arregla las uñas de las manos, pero no tiene idea de que en México las niñas y los niños van a la escuela juntos, desde la época de Gómez Farías, y que las primeras mujeres profesionistas mexicanas se recibieron en tiempos de don Porfirio: la primera dentista Margarita Chorné y Salazar (1886) y la primera médica Matilde Montoya (1887).

No sabe que la señora, ahora diputada federal, Josefina Vásquez Mota, fue secretaria de Educación Pública porque las mujeres forman parte del entramado social de este país. Otras mujeres también hacen música o son de las más brillantes pintoras.

Pero hay más. El señor Lujambio no sabe que las maestras (el primer gremio masivo del país, porque el plan de nación tenía en el centro la idea de esparcir el conocimiento) son las actoras principales en la historia de México para pedir el voto ciudadano de todas las mujeres; ellas, además, fueron promotoras originarias de algunos otros derechos de las mujeres, que según el último censo de población, representan poco más de la mitad de la población (cifra institucional).

Es verdad. El diagnóstico del Banco Mundial sobre la falta de eficacia del sistema educativo de los gobiernos panistas de hace más de una década y de la ignorancia de los ejecutores de la política han dejado en el rezago a miles y miles de jóvenes. Cayó la calidad educativa y desgraciadamente parecemos un país sin futuro.

No digo que los únicos responsables sean los políticos panistas, retrógradas e ignorantes, sino que 10 años de panistas, sin conocimiento de la historia, sin títulos ni capacidades de estadistas, con espíritu guerrero como el de Felipe Calderón, le pusieron la cereza al pastel, ya que se aliaron con lo más nefasto del SNTE y no sabremos qué pasa con el dinero del pueblo.

Pero, entre todos, el señor Alonso Lujambio es un lujo, porque subió dos pisos del edificio de la SEP y se creyó, como Fox, que ya estaba en Los Pinos. La diferencia entre este secretario y Vicente Fox es solamente el sombrero. Lujambio pactó con las trasnacionales de frituras, refrescos light y porquerías alimenticias para vender en las escuelas, y Fox lo hizo con una refresquera trasnacional.

saralovera@yahoo.com.mx

"Ninis", en la mira del crimen organizado

La Jornada Emmanuel Suberza, 27 de Agosto 2010 Ver el artículo original

Se calcula que existen alrededor de 300 mil jóvenes en esta circunstancia en el estado de México

En el marco de los Foros de Reflexión Compromiso por México, el doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional Autónoma de México, José Fernández Santillán alertó a la ciudadanía mexiquense sobre el riesgo que corren los llamados “ninis” al convertirse en el blanco de reclutamiento “ideal” del crimen organizado.

El doctor, indicó que la población de "ninis" ya no aspira a una carrera profesional, sino a reproducir la imagen poderosa del mundo del narcotráfico, por lo que resulta “urgente” el fortalecimiento de la educación para un desarrollo social que se vincule directamente con la seguridad pública.

Sin embargo, para Gadiel Alcaraz Gil, Secretario Ejecutivo de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (CODHEM), “la única solución para combatir esta problemática es a través del fortalecimiento del sistema educativo en Edomex, además de la creación de programas de incorporación a campos laborales, a fin de que los jóvenes tengan más oportunidades de incorporarse a un trabajo estable”.

Debido a esto, “en lo que respecta a los jóvenes que ni estudian ni trabajan, es necesario ofrecerles empleo a través de eventos que los ayuden a vincularse con el sector empresarial, incluso, en estos momentos la CODHEM se encuentra trabajado en colaboración con la Secretaría de Economía estatal a fin de ofrecer a los jóvenes nuevas oportunidades para desarrollarse”.

No obstante, el funcionario recalcó en la importancia de corregir este termino, “ya que existen muchos jóvenes que ya terminaron su carrera pero no han encontrado un trabajo estable, o en otro caso, aquellos que ya contaban con un empleo, pero, debido a la crisis que atravesó el país lo perdieron, y debido a esto, han pasado a ser contabilizados como ninis”.

Alcaraz Gil, aseguró que hasta el momento la Codhem no ha recibido ninguna denuncia sobre conductas discriminatorias a ninis, “sin embargo, muchos jóvenes se han acercado a nosotros para preguntarnos por qué han sido tachados con ese término, por lo que estamos preparados para afrontar cualquier situación o queja de discriminación a través de nuestras redes de asesores municipales, ubicados en todos los municipios del Estado de México”.

Los "ninis" es un término que se utiliza para denominar a jóvenes que no estudian ni trabajan, y de acuerdo a estadísticas, existen alrededor de siete millones y medio de jóvenes a nivel nacional en esta situación, mientras que en el estado de México se calcula que alrededor de 300 mil jóvenes se encuentran en esta circunstancia.