Pedagogía (A)Pedagógica y los maestros del siglo XXI


Eduardo Andere M.
Analista y escritor en temas de educación comparada, política educativa y políticas públicas.
http://eduardoandere.org.mx/

Educación 2001
http://educacion2001.blogspot.mx/

No importa el método o la teoría pedagógica, no importa el enfoque o la técnica de instrucción, lo que importa es el maestro. Claro, importan más los padres de familia y la interacción con los adultos, pero dentro de los factores asociados al éxito o fracaso educativo, el maestro es primero y luego el director, ya que son lo que más importan.

En escuelas como Steiner, Montessori, Piaget, Freinet, Gardner o Goleman, lo que importa en realidad es la actitud, el conocimiento y el profesionalismo del docente.

En el siglo XXI ser buen docente no es suficiente, es preciso ser excelso. En mis recorridos por escuelas de alto desempeño alrededor del mundo, que suman más de 200, he encontrado todo tipo de enfoques. Escuelas con pedagogía progresista versus pedagogía tradicional; por competencias versus contenidos; estrictas contra relajadas; con liderazgos asertivos por un lado, distributivos o cooperativos por otro; con muchos alumnos y con pocos alumnos por clase; de un solo género o mixtas; con uniformes y sin uniformes; con instalaciones y equipos maravillosos y sin ellos; con libros de texto y sin ellos; con pruebas tipo enlace y sin ellas (la mayoría no las tiene); con pocos maestros y con muchos maestros; académicas o inclusivas; para talentos o alternativas.

En mi libro El Poder de Pisa, publicado en su versión en español en 2010, describo a guisa de cuadro combinaciones posibles detectadas en mi proyecto de investigación, “¿cómo es la mejor educación en el mundo?”. Y he llegado a la conclusión de que la esencia no es la forma, la esencia es lo que sucede en el “espacio o interacción o contacto” que el docente logra con cada uno de los alumnos y el grupo en general. No importa el tamaño o el enfoque, importa la capacidad de liderazgo del maestro para entender y adaptarse, para motivar y encauzar. Pero cada alumno, es como el agua, y toma la forma del contenedor, y cada contenedor debe ser distinto. Ahí radica la genialidad del maestro: en detectar qué tipo de cauce necesita cada alumno, según el contexto y la situación. Y como las huellas digitales, cada uno será distinto.

El maestro debe estar preparado y presto para desarrollar el potencial de cada alumno, no sólo en la dimensión cognitiva, sino en la no cognitiva. Por ejemplo, la perseverancia es una virtud de las llamadas emocionales o no cognitivas; el maestro debe saber qué hacer si ese es el caso. El esfuerzo es otra habilidad importantísima para casi todo en la vida, y es de las llamadas emocionales también.

El maestro debe saber cómo despertar la motivación intrínseca. La reflexión y la administración de la cognición, es una habilidad meta cognitiva, y requiere que el maestro sepa detonar en el alumno la motivación intrínseca que es el principal instrumento del esfuerzo permanente. En fin, el maestro también, de acuerdo con la edad y características de cada niño, debe acompañar el desarrollo de su función ejecutiva —para aprender a tomar buenas decisiones y desplegar buenas acciones—, sin adelantarla pero sin sustituirla. Si, como dice Gardner, los adultos tomamos todo el tiempo las decisiones de los pequeños y jóvenes en realidad lo que hacemos es sustituir una parte del cerebro, o lo que él denomina, prótesis del lóbulo frontal.

No sé si el maestro mexicano es eficiente, bueno (calidad y moral) o no; yo he visto de todo; pero me ha tocado en trevistar y observar a excelentes docentes, realmente con una gran fuerza interna y que funcionan a pesar del sistema. Aun así, no puedo generalizar. Pero cada maestro Y con respecto a esto elaboro mi arenga y columna de hoy.

Los maestros del siglo xxi no son instructores, no están todo el tiempo frente a un grupo y no son sumisos; son educólogos, multifuncionales y profesionales.

Los maestros actuales deben desplegarse en cuatro áreas:

Orienta y enseña: es instructor, pero también mentor y facilitador. Orienta el proceso de aprendizaje, a veces con constructivismo, a veces con dirección y dicción. Sabe muy bien sobre su materia y sabe enseñar.

Analiza y planea: es investigador, sabe manejar e integrar información y crea bases de datos para entender y planear el curso de acción. Trabaja en equipo y participa en comunidades profesionales de aprendizaje con colegas, expertos y directivos.

Reflexiona y evalúa: con la información recopilada y ordenada, con metodología consistente. Repasa su práctica con las mejores prácticas y participa en procesos de evaluación y autoevaluación, tanto de maestros como de alumnos. Retroalimenta y es retroalimentado, entra en un círculo de constante innovación y mejora. La escuela es un excelente lugar para desplegar creatividad.

Aprende: sabe que el estudio, el esfuerzo y la dedicación constante son lo que hacen al maestro un profesional. La escuela no es un lugar donde unos enseñan y otros aprenden, es un espacio para el aprendizaje de todos. Para ello, el maestro le dedica tiempo a su propia actualización, con motivación intrínseca, como un médico cirujano que aprende una técnica nueva o que utiliza nuevos y más eficientes instrumentos. Pero no todo depende del maestro, aunque sí la mayor parte. La escuela y el sistema, deben estar orientados no sólo hacia los estudiantes, sino también hacia los docentes. El maestro necesita tiempo para realizar las cuatro funciones. Su trabajo no se limita a estar frente a grupo en jornadas de 20 o 40 horas. Ser maestro no es sólo dar clases.

Ser maestro es participar en un fabuloso y fascinante proceso de mutuo aprendizaje. Como cualquier empleado o funcionario de una gran empresa, a veces se trabaja solo, otras en equipo, algunas se aprende, a veces se enseña, otras se colabora con el trabajo de todos, a veces crea y en ocasiones implementa, a veces lidera y a veces sigue. Ser maestro en el siglo xxi es convertir la actividad docente en un proyecto de vida, es ser activo, versátil, impregnado de conocimiento y habilidades no cognitivas.

Las cuatro funciones requieren al mismo tiempo una preparación sólida, quizá mucho más sólida que la que se ha diseñado desde años en los planes y programas de estudio de la formación inicial del magisterio. Se requiere una formación integral, en aprendizaje, con pedagogía, psicología, metodología de pensamiento científico y filosofía. Se precisa también revisar a profundidad el concepto de calidad medido sólo por pruebas estandarizadas por un significado mucho más amplio. En este rubro, aunque parezca mentira, la cobertura, sobre todo si responde a motivación intrínseca, es también calidad. Pero se requiere, ante todo, tener vocación, es decir, querer de todo corazón ser maestro.

Junio 2012 25