Niños y niñas en busca de sentido

Suplemento EDUCACION de la UACM, Núm. 7
6 de febrero de 2010
Mónica Velasco A. Vidrio



Foto: Graciela Iturbide
Pensar es una función natural del ser humano, pero pensar por uno mismo es un derecho. Es el derecho que tiene cada persona a definirse a sí misma y a ser tomada en cuenta por los otros en su forma de ser, de entender y actuar a propósito de las diferentes situaciones que se le presentan en la vida, que es cambiante y en muchos sentidos impredecible. El producto final del pensamiento, ejercido como derecho, es una convicción (o a veces una duda) que nos sirve para orientar nuestra acción y dar y buscar sentido y dirección a la experiencia.

Cuando el resultado de nuestro pensamiento no cumple con su función, por ejemplo cuando nuestra convicción se revela inadecuada o ilógica, no nos ayuda a entender lo que nos preocupa o interesa, genera dudas y la necesidad de buscar otras alternativas, da inicio así un proceso de búsqueda a partir de preguntas que recogen y expresan nuestro anhelo de sentido.

Esto pasa también con niños y niñas. Tienen necesidad de entender lo que les sucede y lo que sucede a su alrededor, y continuamente se hacen y nos hacen preguntas sobre aquello que les causa curiosidad, interés, perplejidad o asombro.

Haciendo fila en una casilla de votación, están una mamá y su hijo de cinco años aproximadamente. A su alrededor deambula un perro callejero que se acerca al niño constantemente. El niño lo observa, se agacha hasta el nivel de la cabeza del perro, toma la mano de su mamá y le pregunta “¿Mamá, los perros se ríen?” La mamá voltea a ver a su hijo, y no responde. La interacción del niño y el perro continúa. El niño se queda viendo al perro un momento y le sonríe. El perro levanta un poco las orejas, se va, regresa. El niño vuelve a tomar la mano de su mamá y repite la pregunta “¿Mamá, los perros se ríen”? y la mamá dice “¡Qué se van a reír, cómo se te ocurre!” y de nuevo se voltea para otra parte.

Niños y niñas anhelan entender y manifiestan ese deseo con preguntas. La mayoría de las veces, y respondiendo a un aprendizaje de años, los adultos tendemos a ignorarlas o a contestarlas de acuerdo con nuestros propios pensamientos, dejando pasar la oportunidad de facilitarles que ejerzan su derecho a pensar.

El programa de Filosofía para Niños toma como punto de partida esta disposición natural de los niños a entender, crea espacios para que aprendan a dialogar y a pensar junto con otros, facilitando que lo hagan de manera que tenga sentido y que desarrollen una disposición razonable, responsable y cuidadosa en relación con los asuntos que ocupan su pensamiento.

Facilitar el ejercicio de pensamiento con niños y niñas implica que el adulto se involucre también en un proceso de resignificación de su propia experiencia, que esté abierto a explorar formas alternativas de entenderla. Así, retomando la pregunta del niño a su mamá, podría preguntarse junto con él: ¿Qué te hace pensar que el perro puede reír? ¿Cómo podríamos saber que se está riendo? ¿Podrá darse cuenta el perro de que se ríe? ¿Tú te das cuenta cuando lo haces? ¿Qué cosas causan risa? ¿Lo que te causa risa a ti, tiene que causarle risa a otros? ¿Qué podría causar la risa de un perro? ¿Imaginas cómo serían las cosas si nada nos hiciera reír?

Estas preguntas, que parten de una experiencia concreta y aparentemente muy sencilla, implican, en la búsqueda de respuestas posibles, poner en juego una serie de habilidades de pensamiento, como establecer relaciones causa- efecto, plantear hipótesis, buscar evidencias y buenas razones, hacer comparaciones, usar la imaginación para ponerse en el lugar de otro, anticipar consecuencias y buscar implicaciones. Quizá no se alcancen conclusiones de la situación concreta, pero el ejercicio de pensar sobre ella es valioso en sí mismo, puesto que permite apreciar la experiencia desde diferentes perspectivas, explorando y descubriendo otros significados de la situación. Un ejercicio como éste facilita la interiorización de un modelo de pensamiento y de diálogo que favorece en niños y niñas la disposición razonable, responsable y cuidadosa que se busca desarrollar en Filosofía para Niños y que es en última instancia propósito formativo fundamental de la educación.
Mónica Velasco es doctora en Filosofía por la Universidad Iberoamericana, obtuvo su maestría en Artes y Enseñanza en el programa dirigido por el Dr. Matthew Lipman, creador de Filosofía para Niños. Dirige el Centro de Filosofía para Niños en Guadalajara, Jalisco.

El texto original fué tomado de aquí.