La mejor escuela para nuestros hijos: Ambientes


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5 febrero, 2013
Martín López Calva
@M_Lopezcalva

Todos los padres de familia se preguntan llegado el momento cuál es la mejor escuela para sus hijos(I), es decir, en qué institución educativa sería mejor inscribirlos para que reciban una formación de excelencia como la que ellos desean, sus niños necesitan y la sociedad actual está exigiendo.

Esta pregunta puede tener diversas respuestas según lo que cada familia considere como prioritario para el crecimiento de sus niños, ya sean conocimientos muy especializados, ciertas habilidades prácticas, valores cívicos o religiosos, etc.

Sin embargo lo que parece predominar hoy en día, dado el contexto económico global y el sistema social basado en la economía y el consumo, es la idea de que la mejor escuela es la que enseña con tecnologías de información y comunicación y tiene altos niveles de inglés y otros idiomas, además de una exigencia académica rigurosa en las materias que se consideran de mayor utilidad para el futuro laboral que son básicamente matemáticas y lenguaje.

Pocos son los padres de familia que hoy pueden escapar de la presión del mercado y la cultura de la eficiencia y la competitividad y reflexionar un poco sobre lo que podría ser realmente una buena educación que prepare a sus hijos para la vida, para ser capaces de construir una vida humana dentro de las condiciones sociales cada vez más complicadas y muchas veces deshumanizantes.

¿Cuáles son los elementos de una buena educación en esta segunda década del siglo XXI? ¿Qué debe tener una escuela para formar personas capaces de desenvolverse en un mundo complejo y cambiante como el de hoy y como el que parece vendrá en el futuro?

La respuesta que esta columna puede dar, desde su mismo nombre: Educación personalizante, difiere de las respuestas dominantes que hemos sintetizado líneas arriba, puesto que sin negar la relevancia de dar a los niños y jóvenes herramientas técnicas y de contenidos para enfrentarse al contexto en el que tendrán que desenvolverse, tiene clara la necesidad cada vez más urgente de desarrollar en ellos otro tipo de competencias de carácter ético, social y humano que les ayuden a construir una vida lo más humana que sea posible en un mundo bastante dominado por elementos deshumanizantes.

Tres son los elementos básicos que debe tener una educación personalizante: ambientes[i], presencias y encuentros. Trataremos de abordarlos en este espacio a partir de esta semana.

No hay posibilidades de Educar si no existe un ambiente propicio que haga que los educandos y los educadores estén motivados al compromiso y abiertos a la confianza mutua. No hay posibilidades de educar, si no se dan encuentros significativos entre educadores y educandos, entre grandes saberes o tradiciones o enfoques y educandos deseosos de saber, entre educandos y educandos en búsqueda común. No puede haber educación si no hay presencias que sean en sí mismas, educadoras de las generaciones futuras, testigos de la humanidad que facilitan el aprendizaje de lo que es ser humano y vivir humanamente en una realidad concreta.

Estos tres elementos se alimentan mutuamente. Son como un sistema articulado en el que se forma un todo que no es nada sin las partes, en el que cada parte es imprescindible, pero no tiene sentido si no es en el todo.

Los ambientes propicios generan sin duda mayores probabilidades de que las presencias significativas se vayan actualizando y desarrollando hasta ser reconocidas. Las presencias auténticas generan al interrelacionarse ambientes positivos y generadores de crecimiento. Las presencias educadoras promueven o facilitan de maneras muy pertinentes y adecuadas para cada educando, los encuentros necesarios con el pensamiento, la ciencia, la cultura y la historia humanas. Los encuentros significativos con los grandes testimonios de humanidad, propician el crecimiento y el despliegue de presencias que testifican lo humano en la realidad actual. Los encuentros profundos y transformadores generan sin duda también, ambientes de búsqueda, de valoración y de diálogo crítico y creativo que van alimentando una mejor educación.

Un ambiente educativo tiene que cumplir con algunas condiciones tales como: aceptación incondicional de las personas, valoración de los afectos y las ideas de los protagonistas, reconocimiento de las historias personales, ánimo de crecimiento, fomento de la cooperación y la solidaridad.

Aunque la investigación educativa, sobre todo de corte psicológico o sociológico, ha documentado la importancia y algunos rasgos del clima, atmósfera o ambiente propicio para que suceda el misterio de la educación, este proceso sigue teniendo muchos rasgos ocultos para la ciencia o las ciencias de la Educación debido a que aunque tiene muchos rasgos empíricamente observables, solamente puede ser explorado y comprendido cabalmente, aunque nunca del todo, desde una investigación reflexiva o filosófica.

¿Qué tipo de ambiente de aprendizaje existe en el aula de la escuela donde nuestros hijos van a estudiar? ¿Se trata de un ambiente incluyente, de aceptación incondicional de cada persona, de ayuda y colaboración en el trabajo diario, de acogida y acompañamiento?

¿Qué tipo de ambiente predomina en la escuela en general, en el patio de recreo, en las actividades colectivas, en el trato entre directivos, docentes, estudiantes y padres de familia? ¿Se trata de un ambiente de empatía, colaboración, diálogo, inclusión y aceptación o de un clima de exclusión, elitismo, competencia y culto a las apariencias?

Muchas escuelas pueden tener altos estándares de rendimiento en Matemáticas y Español en las pruebas nacionales, mucha tecnología en sus procesos de enseñanza-aprendizaje y altos niveles de inglés y otros idiomas y sin embargo no estar formando adecuadamente a nuestros hijos, a los futuros ciudadanos que este país necesita.

Existen también escuelas que tienen programas de formación ambiental, social, ética y cívica e incluso religiosa de manera curricular o extracurricular y sin embargo no logran los resultados que pretenden en cuanto a formación de los estudiantes en lo relativo a aprender a ser y a convivir.

Lo anterior puede deberse a que a pesar de que los discursos, las declaraciones y los objetivos y estrategias educativas que se asumen tengan las mejores intenciones formativas y una visión humanista como sustento, se trata de escuelas que por su composición, nivel socioeconómico, tipo de población e incluso falta de autenticidad y vocación entre sus docentes y directivos no han logrado construir un ambiente propicio para la formación integral de los alumnos.

Sería muy necesario que los padres de familia cuando van a elegir escuela para sus hijos analicen, además de las instalaciones, los resultados de la prueba ENLACE y los planes y programas, el ambiente escolar en que sus hijos van a vivir cada día. De manera que la elección de la escuela depende también de un factor que es más difícil de percibir porque no está en documentos, espacios o máquinas sino en algo que se siente y se respira: el ambiente escolar.

[i] Esta serie de artículos se basa en las ideas desarrolladas en el libro: López Calva, M. (2006). Ambientes, presencias y encuentros. Educación humanista ignaciana para el cambio de época. En Cuadernos de Fe y cultura no. 21. Sistema Universitario Jesuita. México.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.